lunes, 2 de mayo de 2011

Hurgando en nuestro océano interior

"La conciencia ordinaria es tan sólo una parte muy reducida de todo lo posible"

Entrevista realizada por Cristina Llagostera, y publicada en la revista CuerpoMente Nº170, mayo 2006

Stanislav Grof es uno de esos nombres indispensables en el estudio de la conciencia humana. Este psiquiatra nacido en la antigua Checoslovaquia lleva 50 años dedicado a la investigación de los estados no ordinarios de conciencia y sus efectos terapéuticos.

Sus contribuciones han sentado las bases de la denominada Psicología Transpersonal, una nueva rama de la Psicología nacida a finales de los 60, cuyo nombre significa “más allá de la persona”. Esta corriente defiende que al acceder a ciertos estados de conciencia la persona puede aprender mucho de sí misma, pues surge toda la información que reside en su inconsciente.

En un inicio la investigación de Grof se centró en la terapia con psicodélicos, unas sustancias con alto poder alucinógeno, lo cual le llevó a elaborar una descripción de las etapas del viaje por la psique. Observó que estas sustancias, bien utilizadas, actuaban como amplificadoras del inconsciente y las personas emergían transformadas por lo que habían vivido.

Posteriormente, Grof viajó a Estados Unidos para proseguir con sus estudios y, junto a su esposa Christina, ideó la técnica de la Respiración Holotrópica, como una alternativa legal cuando se prohibió el uso terapéutico de psicodélicos..

Autor de múltiples obras y reconocido mundialmente, Grof sigue activo a sus 75 años. Es profesor de psicología en el Instituto de Estudios Integrales de California, e imparte seminarios y conferencias por todo el mundo.

- ¿Que llevó a un psiquiatra como usted hacia el terreno de la psicología transpersonal?

- Mi orientación inicial fue hacia el psicoanálisis freudiano. Tras leer un libro de Freud decidí estudiar medicina, pero aunque la teoría psicoanalítica resultaba muy atrayente a nivel práctico le veía muchas limitaciones. Entonces hubo un acontecimiento que cambió por completo la dirección de mi vida profesional y personal.

El departamento de psiquiatría donde trabajaba recibió una muestra de los laboratorios Sandoz, de Suiza, que contenía LSD. El objetivo era descubrir si esa sustancia tenía alguna utilización terapéutica. Me convertí en uno de los conejillos de indias, y en mi primera experiencia tuve una intensa apertura espiritual. Quedé muy impresionado por lo que había descubierto y por el aprendizaje potencial que contenían ése tipo de experiencias, y decidí dedicar mi tiempo a estudiar los estados alterados de conciencia. Ahora se cumplen 50 años desde ese momento.

- ¿Qué nos pueden aportar los estados no ordinarios de conciencia que no podemos hallar en nuestra vida más cotidiana?

- La práctica con estos estados se remonta al alba de la humanidad. Todas las culturas, excepto la civilización industrial occidental, han tenido en gran estima este tipo de experiencias. Desde siempre se han utilizado técnicas o sustancias como instrumentos para conectar con realidades sagradas, con la naturaleza y las personas, considerándolos también una vía de sanación.

Sin embargo, el beneficio más obvio es que estas experiencias permiten tener acceso a un conocimiento sobre uno mismo, los demás o el mundo, y esta comprensión más profunda puede servirnos en nuestra vida cotidiana.

- ¿Y cuál ha sido su mayor descubrimiento?

Ver que lo que llamamos conciencia ordinaria es tan sólo una parte muy reducida de todo lo posible. El modelo tradicional de la psique sólo da importancia a lo que ocurre tras el nacimiento. Sin embargo, en los estados no ordinarios de conciencia este nivel de experiencia en la que pueden aparecer recuerdos biográficos es el más superficial.

- Usted afirma que el nacimiento determina nuestra vida futura, y que revivirlo puede resolver conflictos de la vida actual ¿cómo llegó a esa conclusión?

Mi formación psiquiátrica me enseñó que el recién nacido no tiene aún conciencia ni puede recordar. Así que al experimentar con otras personas esperaba encontrar recuerdos biográficos, pero surgieron de manera clara memorias del nacimiento. Fue imposible no verlo. Ni siquiera yo estaba preparado para ello y las reacciones de las personas me asustaban al principio porque las desconocía. Resultó obvio que el nacimiento se graba en el cerebro y que las sensaciones y emociones de ese momento juegan un papel importante en el desarrollo posterior de un modo de vida particular o de síntomas.

Al revivir esa experiencia la persona puede descubrir que parte de su vida ha sido mal conducida por estar condicionada por miedos que empezaron a engendrarse durante su nacimiento, pero que carecen de sentido en la actualidad, lo cual le permite librarse de ellos y sentirse más libre, más auténtica.

- ¿Se pueden dar estados alterados de conciencia de manera espontánea?

- Durante años he trabajado con personas que han tenido experiencias de este tipo de manera espontánea. Las llamamos Emergencias Espirituales. Digamos que en la conciencia ordinaria hay unas barreras que contienen esta experiencia ampliada. Acontecimientos poco habituales o difíciles pueden bajar estas defensas, y permitir que aparezcan contenidos inconscientes. Pérdidas importantes, sucesos traumáticos, momentos de cambio… pueden modificar nuestra percepción de la realidad cotidiana.

- ¿Qué significado tienen para usted los síntomas?

- Los síntomas representan un esfuerzo incompleto del organismo para librarse de un problema antiguo, y tal esfuerzo debería ser fomentado y apoyado.

- El miedo, ¿es una de nuestras mayores trabas?

- Pienso que nuestro mayor miedo es a ser la totalidad. Cuando se alcanza un nivel profundo de conciencia el yo o ego, es decir, el concepto que tenemos de nosotros mismos, lo que pensamos y sentimos que somos, se modifica. De alguna manera significa morir en nuestra concepción habitual, perder nuestra identidad, y eso es lo que nos produce más miedo. Sabemos lo que perdemos, pero no a dónde vamos.

Nuestra idea de la muerte a menudo es errónea. La entendemos como un final, en lugar de un tránsito o una apertura a cosas nuevas. Por eso, todo lo que implica morir en algún sentido, o cambiar, despierta temor.

En realidad, la muerte y el nacimiento no son tan distintos. Al nacer también atravesamos un proceso que puede parecer amenazante. En las contracciones el feto pierde su estado de equilibrio anterior y vive intensas sensaciones de opresión. El esfuerzo y la tensión se intensifican hasta llegar a un nivel extremo, en que finalmente el niño sale del cuerpo de la madre y nace, lo cual también significa morir en su estado anterior, para nacer en un mundo mucho más amplio.

En los estados alterados de conciencia a menudo se viven luchas parecidas. Cuando finalmente la persona se rinde y se entrega a la experiencia puede abrirse a una conciencia más amplia, dándose cuenta de que es algo más que ese “yo” con el que normalmente se identifica.

Aunque nos atemoriza, también deseamos experimentar la totalidad. Así como existe un impulso sexual, también existe un anhelo espiritual. Cuando alguien tiene una vivencia de este tipo se percata de que es algo muy nuevo y desconocido, pero a la vez tiene la sensación de haber vuelto a casa. Es una sensación muy curiosa.

- ¿Cuál es su principal objetivo en esta vida?

- Integrar en el mundo cotidiano los contenidos que emergen de los estados ampliados de conciencia. Sé que cuando se produce esta integración la persona puede vivir más plenamente y tener una referencia desde la cual comprender mejor su vida o el mundo.

Al mismo tiempo, quiero contribuir en la adquisición de los valores transpersonales. Se basan en una actitud de respeto hacia los demás o la naturaleza, entendiendo que no puedes hacer daño a algo sin hacerte también daño a ti mismo. Estos valores de tolerancia, ecología… se obtienen de manera natural cuando uno tiene una experiencia transpersonal. Entonces no hacen falta normas, pues esta actitud surge desde una convicción profunda.

- ¿Cómo definiría la conciencia?

- La conciencia es la realidad última. Hasta el momento la ciencia tradicional ha considerado la conciencia como un epifenómeno de la materia. Pero cada vez existen más pruebas, por ejemplo en la física cuántica, de que puede ser justamente al revés: el mundo material podría ser creado o conducido desde un nivel superior, que es la conciencia.

Desde la investigación con estados no ordinarios de conciencia, se ha observado que podemos experimentar múltiples vivencias que van más allá de nuestra persona. Entonces uno puede preguntarse: ¿Quién soy yo? ¿Cuál es mi verdadera naturaleza? En cierta manera la respuesta está en lo que une a todas esas experiencias. En cualquier caso eres, existes, porque tienes conciencia.

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